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15. Agricultura natural III o el sentido de la fertilidad del suelo

Fukuoka, tras décadas(60años) cultivando cereal sin aportar abono orgánico ni mineral obtiene unas cosechas cuyos valores medios solo se obtienen en los años excepcionales de los regadíos españoles, pero multiplicada por dos, ya que cada año obtiene una cosecha de arroz y otra de cereal, como cebada centeno u otro.

Aporta al suelo los restos completos de las dos cosechas  que suman una media anual de 12000 kg/ha, lo que con un índice de cosecha de 0,5 supone un aporte de paja de la misma cantidad. La paja se esparce entera para que queden suficientes huecos para que no falte oxígeno bajo ella.

Cuando no se lo impedía la autovía construida después, permitía que unos patos de un estanque cercano pasaran al campo de cereal y esparcieran sus excrementos, ayudando así a la descomposición de la paja. Cuando la autovía se lo impidió, esparcía algo de gallinaza con ese fin.

Conviviendo con el cereal Fukuoka establece un cultivo permanente de trebol blanco, que en sus condiciones ambientales ha resultado ser idóneo en dos aspectos: Compite con las arvenses cuando el arroz todavía es joven, y aporta nitrógeno al suelo, ya que es una leguminosa. En el momento de brotar el arroz, Fukuoka debilita el trébol encharcando el suelo moderadamente durante dos semanas  aprovechando el monzón. Para otros ambientes Fukuoka recomienda probar con vezas, alfalfa o altramuz.

La agricultura natural confiere a la palabra “fertilidad” su máximo valor. El suelo está vivo, estructurado: Una intrincada red de raíces sostienen y nutren con dus productos fotosintéticos a una aún más vasta comunidad de miles de especies de microorganismos, bacterias y hongos principalmente, pero también protozoos y algas, asociados todos entre sí mediante interacciones tan finas y específicas que resulta difícil imaginarlo. Y todos ellos forman a su vez parte de una red trófica más amplia que involucra a animales pluricelulares de tamaño microscópico, como ácaros, colémbolos, nemátodos, rotíferos, proturos, tisanuros, tisanópteros, …, así como otros de tamaño mayor, claramente visibles como lombrices, cochinitas, hormigas, milpiés, termitas, etc.

Los hongos y las bacterias no solo reciclan la materia orgánica, poniendo en circulación los nutrientes contenidos en ella. También fijan nitrógeno atmosférico (nitrofijadores de vida libre) y movilizan nutrientes a partir de la fracción mineral del suelo que no están disponibles para las plantas (P, Fe, Mn…).

Estos procesos referidos a la nutrición están ligados a otros relacionados con la salud y el crecimiento de la planta, ya que los microorganismos son a menudo multifuncionales, de forma que no se puede interferir en un proceso sin afectar al resto. Pseudomonas spp fijan nitrógeno, movilizan fósforo, solubilizan hierro y manganeso, producen factores de crecimiento, compiten con hongos u otras bacterias, etc. Otros microorganismos no tan polivalentes hacen notar su falta o su exceso facilitando la implantación de patógenos o limitando la actuación de otros actores necesarios. La especificidad de la interacción de estos microorganismos entre sí y con las plantas es habitualmente a nivel de cepa, es decir, que lo que es plenamente activo aquí puede no serlo unos kilómetros  más allá.

El conocimiento analítico de estos componentes del suelo y algunas de las interacciones entre ellos, debería tener en una mente honrada el efecto de hacerla desistir de todo intento de control externo que implique modificaciones sustanciales. Sin embargo, por el momento, espoleados por la inercia del sistema, muchos científicos brillantes dedican sus esfuerzos a la comercialización de elementos puntuales, reproduciendo en términos biológicos el mismo esquema de la agricultura química.

Si en algún contexto tiene sentido la expresión “nueva agricultura” es precisamente cuando se devuelve a la naturaleza el peso de la estabilidad y la fertilidad del sistema.

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