«

»

16. Agricultura natural IV o el sentido del equilibrio.

 

Fukuoka abandona el principio de que las plantas arvenses, las “malas hierbas”, han de ser erradicadas, de que el cultivo debe crecer en solitario. Solo pretende influir lo necesario para que la balanza se decante hacia el cultivo, para lo cual juega con la forma y el momento de sembrar, con la cubierta de paja y con el trébol blanco.

Sembrando tras la siega sin remover el suelo, evita que las hierbas cuyas semillas necesitan luz para germinar, lo hagan. El mismo efecto tiene la cubierta de paja.

Sembrando antes de cosechar el cultivo precedente consigue dar ventaja al cultivo naciente frente a las arvenses que germinarán cuando la sombra del cultivo precedente desaparezca con la siega.

Equilibrio.

Las hierbas presentes exploran regiones alternativas del suelo movilizando nutrientes que bombean hacia la superficie. Por otro lado, resultan ser el hábitat preferido de insectos, ácaros u otros organismos que en su defecto pasarían al cultivo. También pueden ser hábitat de organismos reguladores, es decir, depredadores de plagas potenciales.

En la finca de Fukuoka hay dos ambientes diferenciados: el campo de cereales y el campo de frutales y hortícolas. Entre los cereales, las hierbas simplemente no se presentan o escasean debido al manejo anteriormente descrito. Entre los frutales, las hierbas son aceptadas, y solo se siegan cuando es necesario para acceder. Se considera que en frutales bien formados, con su estructura natural, las hierbas no compiten ni por nutrientes ni por el agua. Los frutales exploran regiones del suelo distintas a ellas.

El cultivo de hortalizas se realiza entre los frutales y las arvenses. Se estimula su reproducción natural de forma que encuentren poco a poco su sitio entre los árboles las hierbas y los otros cultivos. Los cultivos se van asilvestrando al tiempo que las hierbas se van domesticando. Se procura que las plantas vivan por si mismas sin la ayuda de tutores. Las tomateras crecen tumbadas, como las calabazas. La cantidad moderada de nitrógeno del suelo conduce a un crecimiento armonioso y saludable de las hortalizas, al tiempo que las arvenses nitrófilas escasean por la misma razón, lo que facilita el crecimiento de los cultivos.

Equilibrio.

Los mandarinos de Fukuoka no se podan nunca. Las ramas se distribuyen de forma natural sin crear zonas de sombreo excesivo favoreciendo la ventilación y dificultando el ataque de los hongos. Crecen lentamente en consonancia con el sistema radicular y la cantidad moderada de nitrógeno del suelo generando tejidos ricos en lignina y ceras que se defienden bien de los insectos y ácaros perforadores.

Equilibrio.

Fukuoka comprobó que si los frutales habían sido podados, dejar de podarlos era un desastre: se habían vuelto adictos a la poda, y a la vez a los tratamientos antifúngicos e insecticidas. Un bucle más en el viejo hábito de solucionar diligentemente los problemas que nosotros mismos creamos “con nuestra intromisión ignorante en los procesos naturales”, tratando de balancear los desequilibrios creados.

Los árboles de Fukuoka, al ser grandes se cosechan más lentamente que los de la agricultura industrial, pero teniendo en cuenta que la recolección es la única labor, el sobreesfuerzo está sobradamente compensado.

los naranjos de Fukuoka

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *

Puedes utilizar las siguientes etiquetas y atributos HTML: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>