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22. Agricultura Ecológica I. La mínima común denominación.

La denominación Agricultura Ecológica reune un conjunto heterogéneo de técnicas agrícolas que tienen en común estar sujetas, en nuestro caso, a la normativa europea del sector. Dicha normativa prohibe los pesticidas  y los fertilizantes minerales sintéticos, lo cual supone al menos una cierta garantía para la salud del consumidor y del agricultor: Por otro lado la normativa se esfuerza en fortalecer las garantías mediante los procesos de certificación y trazabilidad.

Este marco de mínimos permite que bajo el mismo paraguas se puedan albergar cosas que en realidad son muy distintas y que se podrían agrupar en dos tendencias divergentes:

1.  Una tendencia industrial productivista que se somete a la normativa estirando sus límites, y que tiene como finalidad surtir al crecientemente exigente mercado de productos libres de tóxicos, o al menos de tóxicos sintéticos. Sus leyes son el mercado, la oferta y la demanda, la imagen y la propaganda. Sus formas de producción apenas se diferencian de las de la agricultura industrial, ya que lo que hacen es cambiar unos insumos por otros. En lugar de pesticidas sitéticos los usan de origen natural pero convenientemente purificados y comercializados.

Siguen pues siendo prácticas de altos insumos, de producción intensiva, basadas en un alto consumo de petróleo por caloría obtenida. Venden sus productos a cientos o miles de km, por lo que los ciclos quedan abiertos. Utilizan técnicas esterilizantes del suelo, como la solarización y otras, porque quieren suelos “limpios”.

Al estar sometidas a las presiones de los grandes distribuidores y tener que garantizar los suministros, entran (si es que alguna vez salieron) en la dinámica del control, ignoran los ritmos del agrosistema y al agrosistema mismo. Producen en invernaderos controlando las poblaciones de insectos polinizadores y controladores de plagas introduciéndolas de forma artificial, adquiridas a una industria nacida al calor de este filón de negocio. Este tipo de agricultura debería tener, a todas luces, su propio segmento de mercado, su propia denominación, que podría ser algo como: “Agricultura libre de tóxicos sintéticos”. Es la agricultura “ecológica” que le gusta al dinero y tiene su lugar en este momento de transición en que las sociedades se van haciendo conscientes de la globalidad del problema de la producción de alimentos, más allá del ya de por sí grave problema de los pesticidas.

2.  La otra tendencia agrupa técnicas agrícolas cuyo principio fundante es la Agroecología y que por tanto podríamos decir que son Agricultura Ecológica (AE) en sentido estricto. Aquí hay algo más que producir, algo más que mercado, algo más que no “echar” agroquímicos de síntesis. La principal característica del verdadero agricultor ecológico es que ve la finca como un agrosistema, por tanto como un sistema fundamentalmente natural, del que el propio agricultor forma parte y en el que ejerce como gestor. Esto le lleva a poner en el centro de su actividad los principios de equilibrio y fertilidad olvidados en la agricultura industrial convencional e ignorados en la agricultura industrial libre de tóxicos sintéticos.

El equilibrio del agrosistema procede de su complejidad, de la presencia de miles de especies que, con sus entramados de correlaciones, instauran los delicados pero resistentes ( y resilientes) equilibrios naturales de las poblaciones. La reforestación de linderas y la creación de bosquetes se convierte en un imperativo. Por esta misma razón las rotaciones y el policultivo son básicos en este tipo de agricultura.

La fertilidad del suelo se basa en su consideración como ente vivo. A su vez el que el suelo esté vivo depende de su estructuración, que a su vez depende de la materia orgánica y del manejo agrícola. En un gramo de suelo fértil se estima la presencia de entre 500 y 3000 millones de bacterias de decenas de miles de especies distintas. Redes tróficas complejísimas con protozoos, algas, microinvertebados de miles de especies distintas, más el conjunto de invertebrados de mayor tamaño como lombrices y hormigas completan la estructura base de la fertilidad. Devolver al suelo la máxima cantidad de materia orgánica, por ejemplo, toda la paja del cereal, se convierte en una práctica fundamental.

Por lo tanto, el agricultor ecológico no trata de sustituir unos insumos por otros, sino los tóxicos por equilibrio y los fertilizantes de síntesis por fertilidad del suelo. En el manejo del suelo, aunque cuidadoso por ser superficial y vertical, los pases de maquinaria son relativamente abundantes, por lo que en este aspecto, la dependencia del petróleo todavía es relativamente alta.

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