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2. La agricultura de la codicia y el temor. I: el agronegocio

La agricultura de este mundo postindustrial se ha transformado en “agronegocio”, que tiene como principales rasgos de identidad los siguientes:

- Los últimos centros de decisión están definitivamente alejados del agricultor y diluidos en una maraña de elementos despersonalizados, ajenos a las consecuencias últimas que implican las decisiones que toman.

En su versión más extrema el agricultor como tal ha dejado de existir, sustituido por un operario a las órdenes de un capataz, a las órdenes a su vez de un ingeniero, que está a las órdenes de un ejecutivo, a las órdenes de un consejo de administración bajo la presión de la junta de accionistas o de los representantes de los fondos de inversión. En semejante cascada nadie es responsable de nada, porque, bien se actúa por “obediencia debida”, o bien se está tan lejos que se desconoce incluso el tipo de negocio en el que se está actuando (inversores en fondos con destinos opacos), lo cual permite recurrir al socorrido “yo no sabia nada de eso”. Este tipo de estructuras piramidales con el vértice difuso son la mejor garantía de actuaciones con consecuencias nefastas de las que nadie parece querer hacerse cargo. ¿Qué le importa al señor que invierte sus ahorros en un fondo de un banco español si este se dedica a un agronegocio o a la compraventa de chatarra? ¿Que le importa al banco tenedor del fondo que invierte en un agronegocio si su resultado es la deforestación de miles de kilómetros cuadrados en Argentina o Brasil y su secuela de despoblación, envenenamiento y esterilización ambiental?…los detalles son cosa de la empresa intermediaria, que delega en los ingenieros, etc, los cuales dirán que tienen que hacer lo posible por maximizar la producción a corto plazo (a costa de lo que sea) porque así se lo exigen desde Madrid o desde Londres. Un lío endemoniado.

¿Donde está la gente?, los árboles, las casas?. Esta es la lógica del agronegocio. ¿Qué se produce aquí?¿para quién?. ¿Dónde están aquellos a los que Monsanto les va a quitar el hambre con sus transgénicos? No están en ninguna parte, han sido desplazados al cinturón de las megápolis tras haber sufrido las fumigaciones con glifosato. Ya no pueden producir su comida porque aquí se produce la soja que va a alimentar los cerdos en Europa. ¿Quén se beneficia de algo como esto?

Mal que bien la sociedad va tomando consciencia de la magnitud del problema. Con palabras quizás inecesariamente subidas de tono Juan José Millás hace un certero repaso a la economía financiera que nos gobierna en su artículo del pasado verano de 2012 “Con un cañón en el culo” en el que el agronegocio es descrito en su descarnada realidad.

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