«

»

24. Agricultura Ecológica III. El territorio recuperado.

Si hay algo que caracteriza al agricultor sometido, el agricultor-operario,  es ser extranjero en su propia tierra. Un extraño en un desierto, en un medio hostil.

El título de esta entrada reza “el territorio recuperado”. Pero no seamos ingénuos, no pensemos que antes de la revolución química de la agricultura había una situación idílica que merece la pena recuperar. Los agricultores de los siglos precedentes vivian sin duda en un medio más natural y, desde ese punto de vista, más amable, pero el agricultor estaba sometido al poder directo del señor de la tierra, un poder a menudo terrible, y al menos discrecional o arbitrario. ¿Cuántos hombres libres han labrado la tierra en los últimos 2000 años?. La agricultura ha sido trabajo de villanos. Los señores de la guerra arrasaban los campos con frecuencia, hacían levas, exigían diezmos en tiempos de paz y mucho más en tiempos de guerra, tan frecuentes. Trabajar la tierra ha sido sinónimo de vida dura y sometida, de incultura y a menudo de miseria. No hace falta ir siglos atrás para encontrar ejemplos terribles de esta feroz dependencia. Stalin mató literalmente de hambre a más de diez millones de campesinos ucranianos en la década de 1930 porque no se mostraban suficientemente colaboradores. Solo en cortos periodos y en lugares concretos se pueden haber vivido situaciones consideradas dignas de recuperar. En otros, por el contrario, la vivencia continuada, secular, de la opresión, ha creado en la población agraria una mirada amarga sobre la tierra, con una conciencia como de lucha contra ella, como si se tratara de un enemigo que les hurta la felicidad . La agricultura mecanizada empujó a muchos, los más desfavorecidos entre los campesinos, a buscarse la vida fuera del campo. Los que quedaron, la mayoría propietarios de la tierra, pudieron hacerse a veces con grandes fincas, pero  las condiciones creadas, esta vez no por los señores sino por las “leyes” del mercado les confinaron a otro tipo de esclavitud ya descrita en anteriores entradas (vease “la vieja agricultura”), con lo cual su mirada sobre la tierra no mejoró.

Así pues, no sé cuantos milenios habría que retroceder para encontrar una situación que de sentido a la palabra “recuperar”, ni siquiera se si esa situación se ha producido en alguna etapa de la historia o prehistoria humana de forma generalizada. Sin embargo, percibo con claridad que en esta etapa histórica que se abre se está produciendo un milagro: la posibilidad de volver a la tierra con una mirada realmente nueva, una mirada que entiende lo natural, que no lucha contra ello, que se siente complice, pero que además es una mirada de hombre libre, una libertad que ya ha sido ganada a los señores y que ahora se le puede ganar a los mercados.

Recuperar el territorio es recuperar lo natural, recuperar algo que teníamos sin darnos plenamente cuenta de su valor, y que solo cuando nos hemos visto privados de ello nos ha hecho ver hasta que punto forma parte de nuestra identidad. Recuperar el territorio es recuperar el gozo de lo que crece por sí mismo, de lo que alienta. Es recuperar el flujo de la vida.

Hombres libres sobre un terreno liberado, reforestado, fecundo, no competido, compartido. Pero poco a poco.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *

Puedes utilizar las siguientes etiquetas y atributos HTML: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>