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25. El suelo I. Un mundo de interacciones.

Esquema interacciones suelo

Como biólogo ya entrado en años, tengo la mente hecha, aunque confieso que no acostumbrada, a penetrar en sistemas complejos, una proteína, un orgánulo, una célula, tejidos, organismos, organismos de organismos…, flujos, señales, receptores, transductores, moduladores, rutas, retroalimentación, sistemas, sistemas de sistemas de sistemas…cualquier nivel de organización en el que uno centre la atención parece tener una complejidad ilimitada en su interior y ser parte de una ilimitada complejidad de orden creciente, en una orgía anentrópica o antientrópica.

Pues bien, el suelo me deja sin palabras, boquiabierto. Todos los reinos conocidos, arqueas, bacterias, hongos, protistas, animales y vegetales interpenetrados con el “inerte” reino mineral, crean un universo de interacciones fractalizadas en las que todos y todo dependen de todos y todo pero de una forma elástica, blanda, resistente y resiliente, creando una maya multidimensional adaptable, cambiante con el tiempo y en el espacio, que parece querer expresar una misma realidad, un mismo principio  en un número ilimitado de soluciones.

La verdad es que creo que tenemos en general una idea muy limitada del mundo, pero nuestro conocimiento del suelo es especialmente pobre. Su dócil e inerte apariencia, su opacidad y la lentitud de sus procesos de maduración o degeneración, no han jugado a su favor en la historia de la investigación. La mente discriminante, que solo puede prestar atención a una cosa cada vez, se abruma y tiende a simplificar. En cuanto entiende algo, un proceso, un componente, una relación, tiende a magnificarla, y a sacarle partido. En aquellos ya lejanos tiempos del siglo XIX en los que el mundo estaba aún formado por bolitas -los átomos- el descubrimiento de algunos aspectos de la química elemental de la solución del suelo, llevó a la creación de los abonos minerales para los cultivos, que por la inercia de los intereses creados, se mantienen hasta hoy. En los tiempos actuales, el mismo principio utilitarista lleva a producir microbios para inocular el suelo, olvidando el conjunto.

Aunque tenemos un torrente de información, proporcionalmente sabemos muy poco sobre el suelo, pero suficiente como para darnos cuenta de que su existencia depende de los seres vivos, que no solo se adaptan a él sino que modifican sus cualidades físicas y químicas para facilitar los procesos vitales en su conjunto. PH, potencial redox, humectabilidad, permeabilidad, disponibilidad de nutrientes, son factores que están esencialmente en manos de los seres vivos de un suelo sano. Los organismos, por otro lado, se controlan unos a otros en sistemas de colaboración, simbiosis, antibiosis, depredación…, con bucles a veces sorprendentes, por ejemplo, hongos que cazan y comen nemátodos, bacterias que penetran en el interior de las plantas a través de las raíces y llegan hasta las hojas, defendiendola de hongos patógenos. Hongos que penetran las raíces y proveen a la planta de sales que han solubilizado en el suelo, mientras que reciben de la planta azúcares. Microorganismos espías que advierten a la planta de la presencia de algun patógeno cerca, y ésta levanta sus defensas físicas y químicas. Incluso hongos rizosféricos a través de los cuales una planta (una tomatera, por ejemplo) puede advertir a otras cercanas para que se pongan en guardia contra un patógeno concreto. Las plantas “pastorean” sus rebaños subterráneos empleando más de un tercio de su producción fotosintética en exudados nutritivos y un rio de señales atractoras, fijadoras, repulsivas o venenosas que organizan las poblaciones desde la intimidad del interior de la raíz hasta varios decímetros, y si contamos a sus emisarios, las micorrizas, hasta varios metros.

Las técnicas moleculares nos hablan de cifras inimaginables hace tan solo dos o tres décadas: un suelo cualquiera puede albergar entre 10.000 y 30.000 genotipos distintos de microorganismos

¿Cómo meter la mano ahí de una forma sensata? ¿Cómo querer modificar un suelo o incluso “mejorarlo” sin caer en una arrogancia patética más propia del ignorante que del sabio? ¿Cómo cultivar la tierra desde el respeto y el agradecimiento?

El suelo es la matriz de la Tierra, es la dulce placenta donde está prendida la vida. Si matamos el suelo, matamos nuestro nexo con la existencia. ¿Cómo vamos a sentirnos bien así?. Si llevamos el principio de dualidad y separación hasta el absurdo ¿dónde vamos a encontrar la alegría?

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