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26. Transgénicos (OGMs)

Los organismos modificados genéticamente  (OGMs) se forman mediante una transferencia de información genética que no sería posible de forma natural. Esto incluye el traspaso de genes entre grupos muy alejados taxonómicamente, como bacterias y animales, vegetales y animales etc. Los métodos usados son muy variados, desde vectores naturales modificados como pueden ser los virus o los plásmidos bacterianos, hasta el bombardeo de los núcleos celulares con nanopartículas de metales pesados rodeados de material genético. En todos los casos incluye un importante factor de azar en cuanto al punto del genoma receptor donde el gen va a quedar insertado. La mayoría de los cultivos GMO tienen un gen que les hace resistentes a el herbicida glifosato (soja, maiz). Otros llevan un gen que convierte a la propia planta en una potente fábrica de insecticida de origen bacteriano (maíz, algodón).

Una mirada superficial puede hacer creer que esta forma de hacer no introduce novedades importantes respecto de la mejora que se viene realizando  desde hace siglos en las plantas y animales domesticados. Sorprendentemente fue esta mirada superficial y no estudios más profundos lo que llevó a la creación en 1992 del llamado “principio de equivalencia sustancial” por la U.S. FDA (Food and Drug Administration), principio que ha regido, y aún rige en casi todo el mundo, la forma de considerar los OGMs, y que impide, por ejemplo, que en USA se indique en las etiquetas de los alimentos si tienen o no OGMs. Casi desde que fue creado, el principio  de equivalencia sustancial ha sido discutido (1) y posteriormente descalificado por los resultados de numerosos  estudios científicos:

- Estudios en patata transgénica realizados en el instituto nutricionista más respetado en Europa (2), en Escocia, concluyeron que era la propia técnica transgénica y no el gen concreto introducido el que creaba crecimientos tumorales en el tracto digestivo de ratas de laboratorio. Estos resultados acabaron también con la carrera del hasta entonces prestigioso científico que firmó el trabajo. Un estudio más reciente llevado a cabo en CRIIGEN por un equipo de la Universidad de Caen (Francia) estudió el efecto del maíz trangénico NK603 tolerante al glifosato obtuvo resultados similares(5).

- La contaminación de los cultivos no modificados por genes de OGMs ha sido documentada abundantemente. Entre los estudios pioneros y de mayor impacto se encuentra el realizado por la Universidad de Berkeley en California, que concluye que el 100% de las líneas nativas de maíz muestreadas en México contienen trazas de información genética de maíz OGM (3).

- La formación de super malezas resistentes a herbicidas bien sea por el excesivo uso de los mismos o por transferencia genética a través de la matriz del suelo está siendo abundantemente documentada. Entre los casos más conocidos está el de la arvense Amaranthus palmeri  que se ha extendido de forma alarmante entre los cultivos de soja resistente a glifosato en el medio oeste americano (6).

- Los OGMs resistentes al glifosato estimulan el uso indiscriminado de este herbicida. Este producto activo, que ha sido vendido como inocuo, se ha demostrado que es causa de importantes problemas en los procesos de división celular, procesos que están en la raíz de la formación de tumores cancerosos (4), así como su relación con el mal de parkinson y otros proceso neurodegenerativos (7).

Los GMOs han nacido y se han desarrollado en un contexto muy concreto, el de la agricultura de altos insumos. Este tipo de agricultura tiene por si misma  unas consecuencias ambientales económicas y sociológicas que no es posible desarrollar aquí y que se pueden resumir en:  degeneración medioambiental por erosión y deforestación, con pérdida de la fertilidad del suelo y de los equilibrios naturales en los agrosistemas, desestructuración social por desertificación del medio agrícola, y la dependencia energética del petróleo. Pero además, el creciente poder tecnológico y económico así como la influencia política de las empresas capaces de estos desarrollos, se ha convertido por sí mismo en un problema, condicionando el modo de hacer de los agricultores hasta niveles desconocidos con anterioridad. La defensa de la “propiedad intelectual” ha dado paso a la creación de patentes sobre los cultivos OGM, lo que tiene como consecuencia que, mediante contrato con el agricultor, se impide la resiembra de la semilla obtenida, se crea una “policía de los genes” que entra en las tierras a vigilar su cumplimiento, e incluso un sistema de denuncias entre vecinos que enrarece sobremanera el tejido social agrario (8). El enorme poder de estas corporaciones les permite influir a su favor en la creación de las normas para la comercialización de semillas así como de los sistemas de control y análisis de posibles daños colaterales. Todo ello tiene como resultado que 10 empresas controlan más del 60% de las semillas que se siembran el mundo, siendo obvio que su pretensión es el control completo sobre cada semilla que se siembre en el planeta. Este oscuro panorama descalifica la pretensión de presentarse como la clave para la lucha contra el hambre en el mundo. La transgenia nació hace treinta años cargada de promesas y posibilidades. Desarrollos tempranos como la generación masiva y barata de insulina humana mediante la transferencia del gen correspondiente a una bacteria otorgó a la industria el beneficio de una confianza: que la aplicación de las técnicas de transgénesis solo podría traer buenas consecuencias. Esa confianza ha sido desmentida por los hechos, y en la actualidad no es difícil encontrar técnicos y científicos que ven a estas empresas y sus desarrollos como parte del problema y no de la solución.

 

 Referencias

1. Millstone, E.; Brunner, E.; Mayer, S. (1999). “Beyond ‘substantial equivalence’”. Nature 401 (6753): 525–526

2. Ewen SW, Pusztai A (October 1999). “Effect of diets containing genetically modified potatoes expressing Galanthus nivalis lectin on rat small intestine”. Lancet 354 (9187): 1353–4.

3. Quist, David; Ignacio Chapela. (2001). “Transgenic DNA introgressed into traditional maize landraces in Oaxaca, Mexico”. Nature 414 (6863): 541–543.

 4. Pesticide Roundup Provokes Cell Division Dysfunction at the Level of CDK1/Cyclin B Activation. Julie Marc, Odile Mulner-Lorillon, Sandrine Boulben, Dorothe ́e Hureau, Gaël Durand,  and Robert Belle. Chem. Res. Toxicol. 2002, 15, 326-331

 5. Long term toxicity of a Roundup herbicide and a Roundup-tolerant genetically modified maize. Food and Chemical Toxicology, Volume 50, Issue 11, November 2012, Pages 4221-4231.

 6. Environmental impact on genetically modified crops. Edited by Natalie Ferry and Angharad Gatehouse. CAB international 2009.

 7. Parkinsonism after chronic occupational exposure to glyphosate. Gang Wang, Xiao-Ning Fan, Yu-Yan Tan, Qi Cheng, Sheng-Di Chen. Parkinsonism & Related Disorders. Volume 17, Issue 6 , Pages 486-487, July 2011

 8. Legal Liability, Intellectual Property and Genetically Modified crops: Their Impact on Word Agriculture. Kanchana Kariyawasam. © 2010 Pacific Rim Law & Policy Journal Association

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