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11. El territorio como factoría. II: Los árboles estorban

Ansioso por proteger el cultivo de las adversidades que se ceban con él, el agricultor atrapado en la mecánica de la vieja agricultura detesta lo vivo. Los árboles estorban, dan sombra, quitan agua y nutrientes, albergan pájaros e insectos que se comen su grano, se interponen ante su tractor. Deben desaparecer. Que no haya nada que reduzca la “eficiencia” de la máquina, que pueda funcionar incluso sola, con su GPS.

Y así una hectárea, y otra, y un kilómetro cuadrado, y otro, y un término municipal, y otro, construyendo un desierto donde solo quedan, la máquina y el cultivo.Hay que ganar mucho dinero para poder pagar la máquina, y después otra mayor, más compleja, más cara.

Un desierto agrícola, un inmenso territorio deforestado:

Donde el viento corre a ras de tierra

Donde el agua que pasa al subsuelo no retorna.

Donde la atmósfera se vuelve más seca.

Donde disminuye drásticamente la lluvia de formación vertical. La pluviometría anual disminuye.

Donde los cultivos se asuran con facilidad

Donde la helada blanca se convierte en negra

Donde aumenta la escorrentía y la erosión, el suelo se pierde.

Donde los nutrientes del subsuelo se quedan en el subsuelo o se van hacia el acuífero

Donde los pájaros que comen insectos, las rapaces que comen topillos y conejos, no tienen donde anidar. La cadena trófica no tiene donde refugiarse ni en verano ni en invierno. La vida huye o desaparece, pero no aquellos que se alimentan del cultivo y viven en el. Aumentan las plagas.

Pero no importa, porque hay quien  suministra “armas” para luchar contra ellas, al precio justo para mantener siempre anhelante al agricultor-productor, con la zanahoria siempre a la vista, pero a distancia suficiente para no alcanzarla nunca.

Ya no hay paisaje ni caza. Ni propios ni extraños quieren estar en el campo. Solo es un sitio donde se realiza un trabajo. Un trabajo que se ha vuelto desagradable y  a ratos peligroso, tóxico.

La vida social languidece al ritmo que desaparecen las oportunidades de ganarse la vida y que basta con media docena de agricultores “modernos” para gestionar un término municipal. O menos.

Cuando se mueran los viejos ellos también se marcharán, porque este sitio se ha vuelto detestable.

Y después otros volverán, con una nueva mirada, y empezarán a plantar árboles.

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